Refugios
Hay momentos en los que la mente se llena de ruido y uno necesita buscar un lugar donde todo baje revoluciones. En mi caso, ese lugar siempre ha sido la casa de mis abuelos, el sitio donde crecí y donde aprendí, sin saberlo, lo que era la calma. Cuando la saturación me alcanzaba, volvía allí en mi imaginación, como quien abre una ventana para dejar entrar aire limpio.
De esa imagen nació la necesidad de dibujarla. No quería reproducir la casa tal cual, sino crear una versión que guardara su esencia. La ilustración fue tomando forma casi sola, y con ella apareció también un pequeño relato sobre la paz, la sombra justa y las maneras de estar sin pesar (La Casa Verde).
Y entonces surgió la idea de este pin. Una casa mínima, simbólica, que pudiera llevarse puesta o guardarse en un bolsillo. Lo hice para regalarlo a las personas que, de un modo u otro, han sido refugio para mí. Algo sencillo para agradecer lo que no siempre se puede decir con palabras.
Este pin es eso: un recordatorio de que los refugios existen, incluso cuando no tienen paredes. Y que a veces basta una imagen, un objeto pequeño, para volver a ese lugar donde todo se ordena un poco.

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