De esa imagen nació la necesidad de dibujarla. No quería reproducir la casa tal cual, sino crear una versión que guardara su esencia. La ilustración fue tomando forma casi sola, y con ella apareció también un pequeño relato sobre la paz, la sombra justa y las maneras de estar sin pesar (La Casa Verde).
Y entonces surgió la idea de este pin. Una casa mínima, simbólica, que pudiera llevarse puesta o guardarse en un bolsillo. Lo hice para regalarlo a las personas que, de un modo u otro, han sido refugio para mí. Algo sencillo para agradecer lo que no siempre se puede decir con palabras.
Este pin es eso: un recordatorio de que los refugios existen, incluso cuando no tienen paredes. Y que a veces basta una imagen, un objeto pequeño, para volver a ese lugar donde todo se ordena un poco.

Comentarios
Publicar un comentario