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Caracol anatómico


Actualmente este es mi único espacio. Como decía Virginia Woolf, uno necesita una habitación propia para estar y respirar. Los ritmos ahí fuera son demasiado rápidos y necesitaba imponer el mío, más lento, más atento.
Echaba de menos el romanticismo de perderme en una web de interés, de seguir el rastro de un artista sin que su voz se diluyera en el infinito del scroll. La pausa, lo que se hace con las manos y con tiempo. También echaba de menos la cultura de la pegatina y el fanzine, esa pequeña resistencia que aún persiste, aunque ya casi habite el catálogo del outsider.

Y quizá por eso este espacio existe. Para recuperar la atención, para volver a mirar despacio, para quedarme con lo que me conmueve sin que se pierda entre miles de voces. Aquí puedo construir algo que no dependa de la prisa. Algo pequeño y propio. Si alguien llega hasta aquí y decide quedarse, será por afinidad y no por algoritmo. Y con eso me basta.

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